miércoles, 15 de febrero de 2017

Derrotas de las dictaduras en el 2016 señalan su final

25 de diciembre de 2016 - 14:12  - Por Carlos Sánchez Berzaín 
 


Termina el año 2016 y el principal eje de confrontación en las Américas se da entre la democracia y las dictaduras del socialismo del siglo XXI (SSXXI), en un permanente choque entre la libertad y la opresión, entre el estado de derecho y el atropello, entre la justicia y la manipulación, entre la libertad de prensa y la censura, entre la previsibilidad y la incertidumbre, entre la seguridad y la corrupción más el narcotráfico, entre la transparencia y la mentira. La agenda de democracia del 2016 ha logrado importantes triunfos que marcan continuas derrotas de las dictaduras puestas en evidencia y señalan su inevitable final.

Para la dictadura cubana, el 2016 marca decadencia y retorno a las sombras del “periodo especial” de los noventa. La normalización de relaciones con Estados Unidos, en su punto más alto con la visita del Presidente Obama, pudo ser una gran oportunidad, pero se convirtió en la constatación de un sistema violador de los derechos humanos, de un régimen despreciable. La apertura muestra que Cuba es el feudo de una dirigencia comunista dueña de vidas y haciendas, que ha convertido a sus ciudadanos en vasallos y a su territorio en una cárcel.

La crisis de Venezuela trajo consigo la disminución del volumen de petróleo que beneficiaba a la dictadura castrista, la crisis de corrupción en el Brasil paralizó inversiones a favor en la Isla, el triunfo del “no” en el referéndum sobre la paz con las FARC en Colombia puso en evidencia el doble papel de simulación del castrismo, y finalmente, murió Fidel Castro, dando lugar a un forzado show que contó con el masivo desaire de los jefes de estado del mundo, mostrando el legado de miseria y crimen. La dictadura ha entrado en fase terminal.

Venezuela empezó con la Asamblea en mayoría absoluta de oposición y la dictadura dedicó todo el año a mantenerse en el poder a como dé lugar, en medio de una crisis humanitaria y una hiperinflación que solo controla con la fuerza y la metodología castrista del miedo. El informe Almagro sobre Venezuela en la OEA y la votación para considerar el mismo que permitió la activación de la Carta Democrática Interamericana por primera vez desde su suscripción, son hitos históricos que señalan la debacle del socialismo del siglo XXI y establecen a Nicolás Maduro como dictador.

El 2016, Venezuela y Cuba perdieron la manipulación ostentosa del Petrocaribe y de otros países en el ámbito internacional, al punto de suspenderse a Venezuela del Mercosur y negarle la presidencia de la entidad. El régimen ha quedado reafirmado como gestor del narco estado en que ha convertido al país. Los presos políticos venezolanos son un estigma mundial y si bien es cierto que Maduro ha evitado el referéndum revocatorio y burlado al pueblo, dejando maltrecha a la oposición con un diálogo tramposo, los mediadores son vistos como parcializados y es evidente que el dictador no puede resistir mucho más. Es una dictadura en agonía.

Rafael Correa en Ecuador ha merecido masivas expresiones de repudio, acosado por múltiples casos de corrupción, derrotado en tribunales internacionales por atropellos cometidos, señalado por el Comité de Derechos Humanos de la ONU por violaciones al debido proceso legal, enemigo de sectores populares e indígenas que lo apoyaron en el pasado, verdugo de la prensa libre, ha llevado a su país a una crisis solo sostenida por la dolarización. La aprobación de Correa se ha desplomado hasta resultar imposible su re postulación para las elecciones del 19 de febrero de 2017 a las que concurre con un candidato títere que, eventualmente, será derrotado en la segunda vuelta, o quien de llegar al poder no podrá concluir su mandato. El 2016 ha sido el año que ha marcado la ingobernabilidad y la inviabilidad del proyecto del SSXXI en Ecuador. Se trata de un dictador en retirada con terror a rendir cuentas.

A Evo Morales Bolivia le dijo “no” en el referéndum del 21 de febrero, derrotándolo pese al masivo fraude. Esto impide su permanencia indefinida y aunque manipula para quedarse, lo único que hace es acelerar su salida apresurada del poder. El 2016 ha marcado a Morales con corrupción, narcotráfico, incapacidad, destrozo institucional, enajenación del patrimonio nacional, deuda externa e interna indeterminadas, sometimiento al castrismo y a los negocios con China, persecuciones políticas judicializadas, crisis económica, impunidad y ausencia de estado de derecho. Pese al control de medios y atropellos contra la prensa su impopularidad crece y sus problemas aumentan. Es un dictador en crisis.

Regionalmente, el caso “lava jato” en Brasil, de corrupción transnacional con Odebrecht y otras empresas, ha mostrado el sistema de corruptela montado por Lula da Silva, ha producido la destitución de Dilma Rousseff y presenta a las dictaduras del SSXXI como una organización criminal. La apurada y forzada paz del presidente Santos con las FARC en Colombia solo ha dejado un pueblo colombiano dividido y confrontado, con un tema más conflictivo que en el corto plazo será una derrota para el receptor de un Premio Nobel deslucido y sostenido por la publicidad oficialista. La firmeza de principios del presidente Macri de Argentina, la derrota del SSXXI en Perú, el desmarque del gobierno de Chile, la manipulación grotesca del proceso electoral por Ortega en Nicaragua que lo ha llevado a superar al dictador Somoza, no son datos menores.

El triunfo electoral de Donald Trump y su próxima toma de posesión como Presidente, es motivo de preocupación para los debilitados regímenes orgullosamente auto proclamados anti imperialistas, más cuando es en sus territorios en los que se originan y sostienen las principales amenazas regionales contra los Estados Unidos en materia de narcotráfico, terrorismo y migración forzada. El lector puede agregar muchos más hechos notorios de las derrotas de las dictaduras del SSXXI en el año 2016, que señalan un final muy próximo.

*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy
 
 

martes, 14 de febrero de 2017

La falacia final del dictador Evo Morales

18 de diciembre de 2016 - 15:12  - Por Carlos Sánchez Berzaín
Luego de casi once años, convertido en dictador y derrotado en el referéndum del 21 de febrero pasado, Evo Morales desafía al pueblo boliviano para permanecer indefinidamente en el poder, en lo que históricamente es su falacia final 



Como todos los gobernantes del socialismo del siglo XXI (SSXXI), Evo Morales llegó al poder y lo ejerce en base a propuestas, ofertas, compromisos, promesas, proyectos y políticas, cuya falsedad e impostura están probados por la realidad objetiva. El proyecto castrochavista en América Latina presentó al jefe de los cocaleros de Bolivia como indígena democrático y -derrocamiento del presidente constitucional por medio- lo llevó a la Presidencia de la República de Bolivia para que la destruyera y suplantara con lo que hoy es su estado plurinacional. Luego de casi once años, convertido en dictador y derrotado en el referéndum del 21 de febrero pasado (21F), Evo Morales desafía al pueblo boliviano para permanecer indefinidamente en el poder, en lo que históricamente es su falacia final.

Una falacia es “engaño, fraude o mentira”. Es el “hábito de emplear falsedades en daño ajeno” y eso es precisamente lo que la metodología castrista ha impuesto como regla de acción política en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, sus países satélites del SSXXI. Se presentaron como liberadores de sus pueblos y los han sumido en la crisis y en la pobreza, retrasándolos por décadas; se ofrecieron como honestos servidores y han enriquecido como maestros de la corrupción y el latrocinio transnacional organizado; se llenaron la boca de antiimperialismo y sometieron a sus pueblos a la dependencia, el hambre, la miseria y el neo colonialismo; hablaron de desarrollo y convirtieron sus países en narco estados, países de tránsito y consumo de droga; propusieron independencia y han adquirido deudas indeterminadas que hipotecan las próximas generaciones.

En el caso de Bolivia, como parte de las falacias, presentaron como indígena al mestizo boliviano Morales fruto de la Revolución Nacional de 1952; vendieron como campesino al productor cocalero y defensor del narcotráfico; lo disfrazaron de pacifista pretendiendo incluso el premio Nobel de la paz para el más violento caudillo responsable decenas de crímenes como cocalero y de mas de veinte masacres sangrientas en su gobierno; dijeron que era aimara del individuo que no habla ninguna lengua nativa del territorio boliviano y menos el aimara; ofrecieron profundizar la democracia e impusieron su modelo dictatorial, confesando públicamente que “sometidos a la ley a veces casi no se puede hacer nada” y que “le mete no más”.

Evo Morales ofreció cambio y lo produjo pero para mal, pues representa corrupción, crisis, despilfarro de los recursos públicos, incapacidad, desinstitucionalización, dependencia, deuda, amenazas, presos políticos, perseguidos y exiliados políticos, menos libertad, periodistas despedidos, nuevos ricos por corrupción, menos transparencia, control de todos los poderes del estado, ausencia de estado de derecho, violación de los derechos humanos, fraude electoral, control de prensa, enajenación de los recursos y del patrimonio nacionales, sicariato judicial, inseguridad ciudadana, narco estado con incremento del consumo de drogas, dependencia.

Cambió la República de Bolivia y la libertad de los bolivianos por un estado de modelo castrochavista para simular que hay democracia y perpetuarse en el poder. Reemplazaron las instituciones republicanas por el capricho de Evo Morales y su entorno complacientes y corrupto que se disputa el control absoluto de todo lo que pueda darle más poder y mas dinero mal habido.

Entre los resultados se tiene a Bolivia entre los tres países mas corruptos de la región, es el segundo productor de coca y cocaína del mundo, es una amenaza de seguridad y narcotráfico para todos sus vecinos, es parte de las cinco dictaduras del denominado SSXXI, en crisis económica creciente, no hay prensa libre, sin ningún indicio de transparencia, tiene mas de 1.200 exiliados en seis países del mundo, centenas de perseguidos, decenas presos político y crímenes de estado. Evo Morales se jacta de haber roto el record de gobernar por mas de diez años, sin explicar que para llegar a ese término ha cometido un verdadero “concurso delictivo”, desde delitos contra la moral pública, delitos contra la Patria, hasta delitos de lesa humanidad, dividiendo al pueblo boliviano, masacrando a los que resistieron y entregando la soberanía nacional con hechos armados perpetrados por intervención extranjera. El pueblo lo sabe y por eso lo llama “el gobierno de la mentira” y quiere que se vaya pronto.

Luego de haber impuesto su propia constitución y haberla violado para seguir de jefe de estado, el 21F el pueblo le dijo “no mas Evo”, dándole una oportunidad de salida. Pero los dictadores no se van, por eso Morales ensaya ahora otra falacia para habilitarse nuevamente como candidato en la farsa electoral que tiene montada. Se trata de maniobras de apoyos sindicales y de movimientos alentados por la corrupción y el caciquismo, con sus autoridades electorales y judiciales listas para prevaricar, con propaganda nacional e internacional pagada, con costosos relacionistas públicos, lobbies y presiones de todo tipo. Es el aparato de la corrupción funcionando para sostener la “impunidad” como única garantía frente a la rendición de cuentas que reclaman los bolivianos. El terror oficialista es que si Evo deja el poder y se restablece la democracia, el entorno y los nuevos ricos de la “evoburguesía” no tienen escapatoria.

Por eso, aún si la manipulación resulta, Evo Morales no podrá beneficiarse de ella porque ya no existen condiciones sociales, políticas, económicas, ni internacionales. El SSXXI está en su etapa terminal y su dictador cocalero no es la excepción. Para Evo Morales es solo una falsedad más y está acostumbrado a ser exitoso mintiendo, pero para los bolivianos es la falacia final.



lunes, 13 de febrero de 2017

La falta de democracia destruye, somete, empobrece y mata

11 de diciembre de 2016 - 14:12  - Por Carlos Sánchez Berzaín
Chávez y Maduro han convertido a Venezuela en colonia castrista con denominación de república bolivariana, es ejemplo de destrucción extrema y construcción de un narco estado. 



Si tendríamos que resumir en una palabra el sentido y objeto de la democracia, la más adecuada seria “libertad”. Ese principio, ese valor, esa necesidad inmanente al ser humano que solo tiene por límite la libertad y el derecho de los demás. Por eso los regímenes dictatoriales aprisionan al ser humano, lo someten, lo subordinan, lo despersonalizan, lo manipulan, lo reducen a la miseria, no respetan la vida. La fase final de las dictaduras del socialismo del siglo XXI (SSXXI), en Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, es hoy la prueba que la falta de democracia destruye, somete, empobrece y mata.

Para evitar las dictaduras, los elementos esenciales de la democracia representan la substancia en garantía de la libertad por medio del respeto a los derechos humanos, la división e independencia de los órganos del poder público, la vigencia del estado de derecho, las elecciones libres y fundadas en el voto universal y secreto, y la libre organización política y social. La ausencia de estas características produce efectos devastadores que hoy son patentes en las cinco dictaduras del SSXXI. Algunos datos de estos regímenes auto proclamados anti imperialistas -que pueden ser ampliados por las víctimas- lo demuestran:

Luego de casi 58 años de dictadura Cuba es un país destruido, un pueblo sometido, obligado a llorar y rendir homenaje a la muerte de su verdugo. Vemos una población empobrecida y en la miseria con una pequeña elite enriquecida y en control de toda la propiedad y medios de producción; se trata de una oligarquía fundada en la corrupción, al extremo que la revista Forbes estima en mas de 900 millones de dólares la fortuna de Fidel Castro. Es un pueblo sometido, cuya juventud tiene como máxima aspiración salir al mundo libre arriesgando la vida con rigores extremos como embarcarse en una balsa o peregrinar por selvas y territorios hostiles. Se trata de una dictadura que además de matar a su propio pueblo con fusilamientos, asesinatos, torturas, cárcel y exilio, ensangrentó América Latina y otras regiones por décadas, al principio con invasiones, guerrillas, extorsiones, terrorismo y narcotráfico, y luego con lo mismo pero además con dinero venezolano con el que han creado lo que hoy se conoce como SSXXI.

Chávez y Maduro han convertido a Venezuela en colonia castrista con denominación de república bolivariana, es ejemplo de destrucción extrema y construcción de un narco estado. El país petrolero más rico sufre crisis humanitaria donde la gente muere por falta de medicinas y alimentos, y la dictadura extorsiona y trafica con las mismas calamidades y necesidades que ha producido. La dictadura venezolana mata de hambre por carestía alimentaria y medicinal, por crimen organizado, por política de estado, por represión, persecución y exilio. Tiene presos políticos que son rehenes y engaña al mundo con la manipulación de una oposición a la que asfixia, utiliza y extorsiona. Con la dirección castrista digita exgobernantes amigos de la dictadura e incluso al Vaticano para mantenerse en el poder, haciéndolos cómplices y encubridores de sus crímenes.

La República de Bolivia ha sido destruida, liquidada y suplantada con el denominado estado plurinacional cuyo principal objetivo es la división de la nación boliviana en fracciones que puedan ser confrontadas entre sí, aplicando la metodología castrista de control político. El dirigente cocalero Evo Morales ha construido un narco estado centralista y personalista donde él es la ley. El país va en una espiral de crisis económica, mitigada temporalmente por los efectos de la economía de la coca. Morales es responsable de más de 20 masacres sangrientas además de las cometidas antes de tomar el poder incluyendo sus crímenes de octubre de 2003. Con su corrupción de estado, la ausencia absoluta de legalidad e institucionalidad acaba de producir 71 muertos en el siniestro del avión LAMIA, empresa que nunca hubiera podido obtener –en un país con democracia- un permiso de operación y menos un plan de vuelo que condenó a la muerte a tripulantes y pasajeros; el dictador dijo que no sabía nada y luego marcó los chivos expiatorios con los que –sicarios judiciales de por medio- pretende quedar nuevamente en la impunidad.

En Ecuador, Rafael Correa ha destruido la institucionalidad y la economía. Tiene la ley mordaza más rigurosa de todas las dictaduras, ha confiscado, allanado y se ha apropiado indebidamente, persiguiendo, enjuiciando y encarcelando ciudadanos y periodistas. Ejerce la represión mediática, el asesinato de la reputación y la enajenación de recursos nacionales, en especial el petróleo cuya corrupción pretende encubrir persiguiendo a los denunciantes con manipulación judicial. Se sostiene por el sistema dolarizado que ya no puede liquidar, aumentando impuestos, con una deuda que marca el empobrecimiento nacional por décadas. Sus víctimas son opositores, servidores públicos, periodistas, empresarios y exiliados. Navega sobre un mar de corrupción que tiene que ver con daños al estado, obligaciones de indemnizar, denuncias de enriquecimiento y hasta crímenes violentos. Ahora se esfuerza por instituir un títere para que lo encubra y garantice su retorno.

Daniel Ortega en Nicaragua con su disfraz de demócrata como parte de los gobiernos castristas del SSXXI, luego de aprovechar lo más posible los recursos venezolanos, empobrece aceleradamente a los nicaragüenses cuya migración al norte se incrementa en directa relación al crecimiento de la miseria y la inseguridad. Ya viene de matar en su etapa de guerrillero. Ha liquidado la participación política y con el control de prensa somete a un pueblo que lo ve hoy como el dictador más peligroso y corrupto, que ha superado cualquier precedente.

*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institue for Democracy

carlossanchezberzain.com


 

sábado, 11 de febrero de 2017

El postcastrismo

26 de noviembre de 2016 - 13:11  - Por Carlos Sánchez Berzaín
La revolución cubana está derrotada por la historia hace ya mucho tiempo por su inviabilidad, pero ha debido esperar la muerte física de Fidel Castro para enterrar el castrismo 



La muerte del dictador Fidel Castro marca el punto final de la denominada revolución cubana -un mito- que ha sido en realidad una dictadura cruel, caracterizada por la violación de los derechos humanos, fusilamientos, presos políticos, exilio, crímenes de estado, opresión, intervencionismo, la corrupción, la imposición de lo absurdo, la miseria, la mentira como política de estado y el fracaso. La revolución cubana está derrotada por la historia hace ya mucho tiempo por su inviabilidad, pero ha debido esperar la muerte física de Fidel Castro para enterrar el castrismo. Las dictaduras se extinguen con la desaparición del dictador y esta es la principal consecuencia de la muerte de Fidel Castro. Ha muerto el símbolo del oprobio y empieza la recuperación de la libertad y la democracia del pueblo cubano, ha comenzado el post castrismo.

El castrismo fue una forma de comunismo personalista y totalitario acomodado a la conveniencia de su creador. Se trata de la falsa doctrina del régimen de un solo hombre con la que por casi 58 años se ha oprimido al pueblo cubano, extendiendo la ignominia con la agresión a otros pueblos del mundo, especialmente en América Latina. Se utiliza para la denominación de una tiranía mitificada en la idealización de una quimera que resultó en crímenes de lesa humanidad –narcotráfico incluido-que no pueden quedar en el olvido. La muerte del dictador no puede representar su impunidad en la historia.

Forzado por la vejez y las enfermedades Fidel Castro puso en marcha un simulado proceso de transición que en verdad resultó una “sucesión dictatorial”. El mando formal pasó de Fidel a su hermano Raúl como si de una monarquía absolutista se tratara, pero el poder del dictador siempre estuvo omnipresente y vigente, Raúl gobernó hasta hoy a la sombra de Fidel. Ahora ya no está. La desaparición física de Fidel marca la orfandad absoluta del sucesor y su aparato familiar, el dictador ha dejado huérfano a su protegido y los efectos serán rápidos y devastadores para el régimen. Muerto el dictador, con él muere el castrismo y la dictadura acelera su agonía, es solo cuestión de tiempo.

Fidel Castro muere en medio de la agonía del sistema totalitario que creó a costa de la opresión y el hambre del pueblo cubano. El legado de Fidel está marcado por haber convertido a Cuba en una cárcel, haber dividido al pueblo cubano, generado el exilio mas grande de la región, tener el record de fusilamientos y asesinatos políticos dentro y fuera del territorio cubano, haber intervenido violentamente el mayor número de países, haber promovido y sostenido guerrillas y matanzas, desestabilizado y derrocado gobiernos, traicionado el objeto de la revolución en su país y ser el responsable de la desaparición, el exilio o el asesinato de sus líderes y compatriotas. Castro ha castrado generaciones de cubanos y latinoamericanos sometiéndolos al dogma de su imagen, del partido único y de la despersonalización a cambio de la simple sobrevivencia.

América Latina es aún víctima de la ultima aventura castrista con el denominado socialismo del siglo XXI nacido de la necesidad de apoyo político de Hugo Chávez que a partir de 1999 entregó a Fidel Castro los recursos, la soberanía y la economía de Venezuela, con las que el dictador emprendió un nuevo ataque contra la libertad en la región y pudo lograr en parte –luego de la guerra fría- su fracasado proyecto foquista. La consecuencia son las dictaduras del socialismo del siglo XXI con los gobiernos castristas de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, cuyos jefes de estado han de ver en la desaparición del dictador la señal de su propio y pronto final político en la repetición que hacen del oprobio dictatorial contra sus nacionales. La herencia, el legado del castrismo es esos países son la repetición de los logros de Fidel Castro en Cuba: los presos políticos, los exiliados, las masacres, el hambre, la crisis, la confrontación y la destrucción de las naciones.

Castrismo es sinónimo de crimen, de delitos, de acciones reprochables, de suplantaciones y de mitos. A costa de la vida, la libertad y la economía de los pueblos de Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Argentina, Brasil y otros, Fidel Castro construyó el “mito” del revolucionario antiimperialista, del luchador por la libertad de los pueblos, cuando en realidad solo se trató de un criminal cruel e inescrupuloso dispuesto a todo para mantenerse en el poder (habrá crimen que no cometió??). El castrismo es el marco, el envoltorio y el relato para encubrir esos crímenes, es el sofisma, el argumento falso con apariencia de verdad que Fidel se lleva con él.

El post castrismo es la libertad, la democracia, la restitución de la igualdad, el retorno de las oportunidades, la ruptura de las cadenas de la dictadura que el pueblo cubano ya empieza a ejecutar en la misma Cuba. Ya no hay Fidel, ya no hay mito, ya no hay miedo, no hay dictadura…

*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy

viernes, 10 de febrero de 2017

Medios, prensa, información, opinión, proselitismo

20 de noviembre de 2016 - 17:11  - Por Carlos Sánchez Berzaín
Cuando los medios de comunicación utilizando la información y la opinión, se incorporan como parte de campañas proselitistas por justas o importantes que estas parezcan, corren el riesgo de ser derrotados 



La credibilidad y la confianza en los medios de comunicación, y con ellos la de la prensa, no han quedado muy bien como consecuencia de los procesos políticos y resultados del Brexit, el referéndum colombiano sobre la paz y las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. No es solamente un tema de encuestas o previsiones, se trata de que muchos de los medios de comunicación y la prensa que se expresa por medio de ellos, pasaron del papel de información y opinión a un rol de proselitismo abierto, encubierto o militante que la gente percibió con claridad. Cuando los medios de comunicación utilizando la información y la opinión, se incorporan como parte de campañas proselitistas por justas o importantes que estas parezcan, corren el riesgo de ser derrotados junto con el candidato, producto o posición que eligieron, con grave daño a su imagen y al papel que les corresponde en democracia.

Hay una importante diferencia entre “medio de comunicación” y “prensa”. Los medios de comunicación los instrumentos y la prensa parte de su contenido. Medios de comunicación “son instrumentos tecnológicos, herramientas de la sociedad utilizados para informar y comunicar mensajes en versión textual, sonora, visual, virtual…”, o sea “todos los soportes en los cuales puede ser transmitida una idea o un mensaje”. El desarrollo tecnológico ha hecho que en el siglo XXI se consideren como medios tradicionales a los medios escritos, la radio y la televisión, por la irrupción del internet con nuevos o medios alternativos a lo virtual, las paginas web, los blogs, las redes sociales integradas por un numero creciente de sistemas y aplicaciones que permiten comunicación masiva en tiempo real. En democracia los medios son en general privados, locales, cadenas y conglomerados que disputan la atención de la gente por el negocio de la propaganda. También existen medios bajo control estatal y su concentración directa o simulada en manos de gobiernos es característica de los gobiernos no democráticos y dictaduras.

La prensa cuya acepción primaria se refiere a la “máquina de comprimir” que se usó –entre otras cosas- para imprimir en papel un texto escrito, es en el ámbito de la comunicación social “el conjunto de las publicaciones periódicas” y el “conjunto de las personas dedicadas al periodismo”. En el sentido que nos ocupa, la prensa se refiere al “conjunto de publicaciones periódicas que tiene como objetivo informar sobre los más diversos temas de actualidad e interés publico y al conjunto de personas que ejercen el periodismo”. Periodismo es “la actividad profesional que en términos generales consiste en la captación y tratamiento de la información en cualquiera de sus formas y variedades”. Dragni citado por Bracho afirma que “la información significa el conjunto de actividades que tienen por fin recoger, elaborar, transmitir y difundir noticias….que la información periodística debe asegurar y posibilitar el conocimiento de hechos, ideas y opiniones”.

Una de las características de la democracia es la libertad de prensa, que es “el conjunto de garantías que tienen los ciudadanos para organizarse en la edición de medios de comunicación cuyos contenidos no estén controlados ni censurados por los poderes del estado, en los que toda persona pueda publicar sus ideas libremente sin censura previa”. La libertad de prensa esta fundada en la libertad de opinión y de expresión consagradas por el Art. 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y sin libertad de prensa definitivamente no hay democracia.

Es en este contexto tan complejo pero al propio tiempo tan sencillo en que los medios de comunicación y los periodistas pueden escoger el alcance de su trabajo y desempeño en los procesos de elecciones o votación en los que la población debe tomar decisiones en el marco de la democracia. Pueden hacer prensa, información y opinión, pueden incluso tomar una posición y formular recomendaciones o preferencias, o pueden tomar posición política y formar parte de la campaña como un instrumento mas del proselitismo de determinada posición o candidato. Lo que no pueden hacer es simular informar y hacer proselitismo porque en ese papel casi no se diferencian de los medios manipulados por los regímenes dictatoriales donde con el control de prensa esta se convierte en una herramienta más de violación de la libertad.

Cuanto más importante sea el tema sometido a decisión popular son mas posibles los choques de intereses entre el medio de comunicación, sus empresarios, directores, la prensa que los integra, los grupos o líderes en pugna, los clientes o el mercado que los soporta. La ecuación es muy difícil y en general en los casos del Brexit, del referéndum por la paz en Colombia y en las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos, no han dejado bien parados a la mayoría de los medios y prensa considerados libres. Existe la peligrosa sensación de que en esos tres procesos uno de los derrotados han sido los medios de comunicación y la prensa.

La democracia permite que medios de comunicación y prensa decidan por lo que consideren más conveniente, más correcto e incluso más comercial, pues de eso se trata la libertad. Pero, el equivocado uso de la libertad tiene consecuencias de credibilidad, de imagen e incluso de mercado, en tiempos en que la comunicación virtual en tiempo real -con el denominado periodismo ciudadano- se expande, y las medias verdades o noticias sesgadas tienen vida cada vez mas corta. Se trata de un tema cuya discusión es difícil y recién comienza como parte de las transformaciones de la sociedad actual, en el que uno de los aportes puede ser guiarse preferentemente por la regla de los principios y valores que han hecho de la prensa libre un elemento imprescindible de la libertad y la democracia.

jueves, 9 de febrero de 2017

El presidente Trump y la democracia en América Latina

13 de noviembre de 2016 - 17:11  - Por Carlos Sánchez Berzaín
En situaciones de decisión y toma de posiciones, los estados actúan en función de sus ideales y de sus intereses nacionales. El equilibrio entre los principios y valores que integran los ideales nacionales con el interés es lo deseable.

En la durísima campaña presidencial de los Estados Unidos, los candidatos expusieron en muy pocas ocasiones y muy parcialmente algunos puntos de vista sobre política exterior con América Latina. Mas allá de las discrepancias y confrontaciones entre republicanos y demócratas, con la elección de Donald Trump estamos en un momento político diferente que impone la necesidad de recordar que al nuevo presidente de los Estados Unidos le esperan dos Américas, la democrática y la dictatorial del socialismo del siglo XXI. Mientras la cortina de humo de lo dicho en la campaña electoral es lo que ahora se ve, el tema de fondo es el futuro de la libertad y la democracia en la región.

En situaciones de decisión y toma de posiciones, los estados actúan en función de sus ideales y de sus intereses nacionales. El equilibrio entre los principios y valores que integran los ideales nacionales con el interés es lo deseable. La historia de los Estados Unidos demuestra que este país ha guidado su política exterior en base a un “interés nacional pragmático y realista”, fundado en “la promoción de la libertad, la defensa de la democracia y de las instituciones republicanas”, a la que agregó la promoción de los derechos humanos.

El socialismo del siglo XXI, que empezó como movimiento bolivariano y proyecto Alba, luego de la muerte de Hugo Chávez, está claramente liderado por la dictadura cubana e integrado por los gobiernos de Nicolás Maduro en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y Daniel Ortega en Nicaragua. Es un conjunto de regímenes caracterizados por ignorar y avasallar premeditada y deliberadamente el orden constitucional preexistente, al que han suplantado en su beneficio; destrozar y hacer inexistente el “estado de derecho, eliminar la división e independencia de las ramas del poder público, violar los derechos humanos de sus ciudadanos mediante la judicialización de la represión, con presos y exiliados políticos; extinguir la libertad de prensa y de expresión, manipular las elecciones haciendo desaparecer su carácter libre y transparente para convertirlas en instrumento de perpetuación indefinida en el gobierno, impedir la libre organización política y la posibilidad de que la oposición llegue al poder.

Las dictaduras del socialismo del siglo XXI son regímenes que no cumplen ninguno de los elementos esenciales de la democracia, de acuerdo a la Carta Democrática Interamericana, pero sin embargo se presentan y son tolerados como si se tratara de gobiernos iguales a los de la América con democracia, respecto a los que son una amenaza de desestabilización permanente. El poder del dilapidado petróleo venezolano les ha permitido controlar la OEA, formar un bloque de presión en la ONU, paralizar la integración regional y extender una red de corrupción que se empieza a develar a partir de los escándalos de los gobiernos de Lula y Dilma en Brasil (sólo la punta del ovillo que enreda a todos los gobiernos no democráticos incluyendo la Argentina de los Kirchner).

En el escenario marcado Chávez y Castro, en lo que va del siglo XXI, los Estados Unidos tienen lo suyo de parte de estos regímenes auto declarados antiimperialistas: Venezuela, Ecuador y Bolivia han expulsado a los embajadores americanos que han sido repuestos en los dos primeros países; Ecuador ha echado de Manta las bases militares estadounidenses y ha retirado de su país la cooperación americana, el dirigente cocalero Evo Morales ha expulsado de Bolivia a la DEA, a USAID y el mismo controla los cultivos ilegales de coca incrementado en más de 10 veces la producción de droga, todos los dictadores del socialismo del siglo XXI sin excepción han sido extraordinariamente explícitos en acusaciones e insultos al presidente y al gobierno de los Estados Unidos, al punto que en la Asamblea General de la ONU de este año, Evo Morales acusó de genocidio al presidente Barack Obama y pidió enjuiciarlo por delitos de lesa humanidad; todos estos gobiernos han contribuido al crecimiento de la actividad del narcotráfico con destino a los Estados Unidos, Venezuela y Bolivia son consideradas narco estados, todos han abierto sus territorios a relaciones con Irán y se han proclamado abiertamente anti israelitas, todos se han sobre endeudado con China permitiéndole una extraordinaria presencia en la región.

La amenazas contra los Estados Unidos –entre otras- son el narcotráfico, el terrorismo, la migración descontrolada. Todas ellas tienen punto de origen o de apoyo en las dictaduras del socialismo del siglo XXI, que lideradas por la dictadura castrista han señalado reiteradamente como su enemigo a los Estados Unidos. La enemistad es obvia por el contraste evidente entre los principios de libertad, derechos humanos, democracia e institucionalidad en que se sustenta y que promueve Estados Unidos, frente a la opresión, la violación de los derechos humanos como política de estado, la destrucción de la democracia y de las instituciones republicanas para perpetuarse en el poder que ejecutan las cinco dictaduras de América Latina.

Éste es el problema fundamental que amenaza los intereses y la seguridad nacional de los Estados Unidos y ha sido apenas mencionado en la campaña electoral. No se trata de intervención estadounidense en los problemas de Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, es un asunto de defensa de valores universales. El presidente electo de los Estados Unidos debe saber que entre sus desafíos está el de la democracia en América Latina, cuya defensa coincide con los ideales e intereses fundamentales de su nación.
 

miércoles, 8 de febrero de 2017

La persecución política es un problema de toda la sociedad

06 de noviembre de 2016 - 20:11  - Por Carlos Sánchez Berzaín
"En democracia no puede existir persecución política, pero en los regímenes dictatoriales del socialismo del siglo XXI se trata de una práctica fundamental en el ejercicio y para la permanencia indefinida en el Gobierno" 





En democracia no puede existir persecución política, pero en los regímenes dictatoriales del socialismo del siglo XXI se trata de una práctica fundamental en el ejercicio y para la permanencia indefinida en el gobierno. La ausencia de “división e independencia de los órganos del poder público” y la eliminación del “Estado de derecho”, son el marco para la sistemática violación de los derechos humanos de ciudadanos cuya condena está previamente señalada. La persecución política destroza la organización democrática para reemplazarla por el miedo como mecanismo de control social y no afecta solamente al perseguido, es un problema de toda la sociedad.

La persecución en los regímenes no democráticos tiene la acepción de presionar, “molestar, conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerle el mayor daño posible”, pues se trata de causar molestia de manera continua, acosándolo. La persecución política está constituida por un “conjunto de acciones represivas o maltratos persistentes, realizadas por un gobierno sobre un individuo o grupo del cual se diferencia por la manera de pensar o por determinadas características políticas o de otro tipo”. La viuda del asesinado líder cubano Osvaldo Payá, enseña que “la persecución política es la consecuencia directa de la discriminación política que sufren todas las personas que tiene el valor disentir del poder político establecido por la fuerza bruta, la trampa o por ambos…”

La historia demuestra que la sociedad y los ciudadanos no toman en serio la persecución política hasta que les toca, esto es hasta que son perseguidos, hasta que la violación sistemática y premeditada de los derechos humanos los afecta. La persecución de los judíos por el nazismo fue soslayada e incluso deliberadamente ignorada por los mismos miembros de la comunidad afectada hasta que fue demasiado tarde. Las dictaduras demuestran que la persecución política solo se evita con la vigencia de los elementos esenciales de la democracia: la división e independencia de poderes, el Estado de derecho, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales. Con un sistema de frenos, contrapesos y balances al poder, con jueces imparciales, con alternancia en el poder, con obligación de rendición de cuentas, con prensa libre, con la vigencia de la Constitución y la ley preexistentes por encima de la voluntad del gobernante.

La persecución implacable y sangrienta del castrismo es el medio de control de una sociedad reducida a la miseria que se ha convertido en producto de exportación trasladado a los gobiernos no democráticos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua donde la persecución política se ha refinado asumiendo la simulación democrática de la acusación judicial por supuestos crímenes. Esta situación recurrentemente denunciada por las víctimas en los países afectados se denomina hoy “la criminalización de la política”, la “judicialización de la represión”, el “sicariato judicial”. Existe, está en plena ejecución y sirve para achacar a las víctimas los delitos que cometen los convertidos en acusadores. En muchas ocasiones han sido precedidos o acompañados de declaraciones públicas en cadenas nacionales realizadas por Chávez, Maduro, Correa, Morales y Ortega. La naturaleza política de la persecución está señalada por el propio régimen.

Las víctimas de persecución política en la dictaduras del socialismo del siglo XXI son presos políticos, exiliados o permanecen acosados, bajo la presión de juicios en los que se viola el derecho a la defensa, la irretroactividad de la ley, el principio de juez imparcial, la presunción de inocencia, la valoración de la prueba, la propiedad privada, el derecho al trabajo y en general todos los derechos humanos que hacen al debido proceso de ley. La persecución política está acompañada del “asesinato de la reputación”, esto es, el destrozo premeditado de la imagen pública del perseguido mediante propaganda, infamias y señalamientos atroces que repetidos por el jefe de gobierno y los múltiples voceros oficialistas, con el control de medios, hacen que el perseguido antes de poder defenderse ya esté condenado y obviamente con sus opciones de defensa reducidas al mínimo, cuando no liquidadas.

Algunos casos notables muestran en Venezuela a Leopoldo López como la víctima mas importante; hay decenas más de presos políticos, miles de exiliados y procesados con los que el dictador Maduro negocia hoy su ilegal permanencia en el poder. En Ecuador, el vicealcalde de Quito sentenciado por –dizque– desacreditar la honra del presidente Correa; Francisco Endara condenado a prisión por aplaudir y forzado al exilio; Sebastián Ceballos a prisión por un tuit; el periodista Palacio exiliado por acción directa de Correa; el Gobierno señalado por la ONU como responsable de la violación del debido proceso de los empresarios Isaías, forzados al exilio. En Bolivia, el presidente Sánchez de Lozada y su Gobierno siguen perseguidos y acusados de los crímenes cometidos por Evo Morales y sus cómplices para derrocarlos, y Morales se ampara en una amnistía que es la confesión de sus delitos; más de 1.200 perseguidos forzados al exilio; decenas de presos políticos que incluyen al Alto Mando Militar de 2003, al Gobernador de Pando y al Gral Gary Prado, que apresó al Che Guevara; más perseguidos para buscar transacción o sumisión para el continuismo indefinido de Morales, desconociendo el NO del referéndum 21F, con acusaciones retroactivas contra Doria Medina, ya enjuiciado, cautelado y denunciando persecución. En Nicaragua, los medios de comunicación silenciados como ha denunciado Freedom House; el Tte Yaader Nicolás encarcelado por comentar la represión contra campesinos; los equipos de Radio Oyanka decomisados y su licencia cancelada; Ortega y su cónyuge simulando elecciones luego de eliminar la oposición….

*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy